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La doble moral frente a los ídolos

¿Somos realmente honestos acerca de lo que pensamos sobre nuestros ídolos? ¿Otorgamos ciertas licencias a las personas que admiramos? ¿Qué consecuencias pueden acarrear estas actitudes? Este es un debate heterogéneo, una deformación cultural adherida a nuestro carácter, una especie de cristal opaco que se sitúa ante nosotros, impidiendo ver la realidad que se esconde tras de sí. Todos y todas admiramos a alguien, por su repercusión social, por lo inspirador de su persona, por su carisma o su talento.  Ahora bien, ¿Qué sucede cuando la imagen de estos ídolos es salpicada por un escándalo? Si atendemos a una reacción lógica, el primer paso sería la sorpresa, seguido del cuestionamiento y posteriormente, tras su confirmación, la adopción de una posición de rechazo. Por tanto, ¿Qué ocurre cuando esto no es así?, pues, que estaríamos siendo tolerantes con la intolerancia, cuestión que resulta ser un arma de doble filo.

De esta manera, nos encontramos con que, el héroe de nuestra infancia es un presunto violador, nuestro cantante favorito es un presunto maltratador, y ese deportista al que tanto admiramos, se encuentra ante un juzgado, declarando sobre un presunto fraude fiscal. Resulta que nuestros referentes, ahora, no son ninguna referencia, y este un problema que hay que abordar con honestidad, sin titubear, con una mirada desprovista de la ceguera del fanatismo.  El ídolo moderno no existe, el héroe clásico ha muerto y su aura ha desaparecido. De esta forma, en el transcurso del pasado año, la lista negra de famosos que tuvieron que vérselas ante la ley, creció de manera exponencial.

Pese a que son muchos los casos que siguen saliendo a la palestra, el más controvertido y repudiado por la opinión pública ha sido el relacionado con el productor de cine estadounidense, Harvey Wenstein. En octubre de 2017, el periódico The New York Times y la revista The New Yorker, publicaron de manera inicial, varias docenas de denuncias en las que se le acusaba de delitos relacionados con acoso sexual, agresión sexual y violación. Estas acusaciones vendrían dadas por parte de las mujeres pertenecientes al entorno de trabajo de Wenstein, entre las que figuran algunas de las actrices más famosas de Hollywood, como Cate Blanchett, Salma Hayek o Uma Thurman. Más tarde, el número de mujeres denunciantes ascendería hasta un centenar.

El impacto de estas acusaciones acabaría con el despido del productor de su propia compañía, además de su consecuente expulsión de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. El ímpetu de las víctimas propició la actuación de las autoridades correspondientes contra la continuación de este hostigamiento sexual, el cual, según fuentes oficiales, está datado que se produjese desde los años 80. Considero paradigmático este caso debido a su recepción, siendo así, el seguimiento y la respuesta social con respecto a este suceso tuvo como resultado la aparición del movimiento #MeToo. Creado a modo de hashtag en las redes sociales como acto de repulsa al caso Wenstein, siguió avanzando hasta convertirse en una plataforma mediante las que mujeres de todo el mundo pudieron relatar experiencias similares. Esta lucha tendría como objetivo el empoderamiento a través de la empatía, provocando un efecto que alcanzaría a otros ámbitos, como el de la industria musical o la política.

No siempre es así, claro

Finalmente, y en oposición a lo anteriormente mencionado, creo de recibo indicar que esta no suele ser la tónica habitual. Son muchas las “celebrities” relacionadas con delitos de diversa índole y que sin embargo son amparadas por sus seguidores. Sirvan como ejemplo alguno de los casos más recientes, como el del intérprete de música urbana “6ix9nine”, acusado por su relación con el narcotráfico y el abuso de menores o la tortuosa relación del futbolista Cristiano Ronaldo con los juzgados españoles por la gestión económica de sus cuentas bancarias. Los perfiles personales de estas y otras figuras de alcance internacional se llenan de mensajes de apoyo mientras son puestos a disposición de la ley, inclusive habiendo sido condenados de manera firme.

¿Es capaz el fanatismo de sobrepasar hasta las cuestiones más sórdidas? ¿Crees que todo esto es producto de un proceso de insensibilización?, y tú, ¿Qué piensas?

Rubén Serrano
About author

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Córdoba, con Máster en Producción e Investigación en Arte por la Universidad de Granada. Especializado en el análisis e interpretación del arte contemporáneo. Interesado en la gestión cultural y del patrimonio.
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