Política

La inmigración como nueva arma de la extrema derecha

Hay un tema que desde hace años tiene en jaque a un gran número de intelectuales, politólogos y sociólogos de toda Europa. Un tema rodeado más de mentiras que de verdades. A diario abrimos la prensa, Twitter, Facebook e incluso Whatsapp y nos inundan mensajes contradictorios que atentan directamente contra nuestro sentido crítico, y nos encadenan a un perpetuo estado de confusión, de expectación, casi obligándonos a esperar que alguien nos ponga delante las respuestas definitivas. Esta es precisamente la estrategia que utilizan partidos como Vox en España, o el Frente Nacional en Francia. Lenta pero decidida, la extrema derecha se ha ido haciendo hueco en Europa, gracias a mentiras caprichosas e información manipulada. Una de las mayores víctimas de esto son los inmigrantes.

Perdedores de la globalización

Lo cierto es que en España la extrema derecha apenas tenía representación hasta hace muy poco.  Sin embargo, hace tiempo que estos discursos calaron en un importante sector de la sociedad en el resto de Europa, mientras que en España, el problema de la inmigración y el auge del discurso xenófobo, son problemas muy recientes.
Para dibujar las razones del éxito del discurso de la extrema derecha en España, diferentes analistas políticos explican que el desempleo masivo provocado por el libre mercado y la falta de atención de los partidos políticos provoca un abrumador vacío dentro de los sectores obreros, que pierden su empleo de la noche a la mañana, convirtiéndose en auténticos “perdedores de la globalización”. Al final, no les queda otra que reflejar su frustración en el voto a los partidos de extrema derecha.

En Europa, los partidos de extrema derecha se blindaron con un discurso anti-inmigración.

La amenaza viene de fuera

Pero ¿qué tiene que ver la inmigración con todo este entramado de desempleo, frustración y desencanto político? Pues bien, está bastante relacionado, ya que desde el comienzo de la crisis de inmigración en Europa, unos de los principales motivos de rechazo al inmigrante fue el temor a que una llegada masiva pudiera significar la ocupación de esos puestos de trabajo tan codiciados, y el colapso de la sanidad, entre otras cosas, por lo tanto se generó un miedo del que no tardó en aprovecharse la extrema derecha prometiendo el endurecimiento de las fronteras y la expulsión de los inmigrantes del país para recuperar el control de estos recursos.

¿Y si el problema fuera la solución?

Resulta que no sólo en España, sino en toda Europa, la población activa es en realidad muy reducida en comparación con el número de jubilados. Nuestro país vive una eterna encrucijada respecto al tema de las pensiones, que se refleja en constantes manifestaciones en pueblos y ciudades de personas que, a su edad, deberían estar recogiendo el fruto de años de esfuerzo, y en su lugar se ven obligados a tomar las calles pancarta en mano pidiendo lo que es suyo por derecho.

En ese contexto, la llegada de inmigrantes jóvenes sería una pieza clave para volver aumentar la población activa, solventando de forma definitiva el hasta ahora irresoluble problema de las pensiones. Por lo tanto la respuesta está, precisamente, en la inmigración.
No obstante, todo esto nos lleva a preguntarnos si este planteamiento puede funcionar de verdad, cuando en toda la prensa e internet se nos bombardea constantemente con la expresión “crisis migratoria”. ¿Cómo puede ser beneficiosa la llegada de inmigrantes a Europa, si es tan masiva que nos desborda?

¿Crisis migratoria? No, crisis política

Efectivamente, nada de todo lo anterior resulta muy útil si nuestro sistema colapsa por la llegada de una horda de personas. Pero esto está muy lejos de la realidad. Según los datos recogidos por varias organizaciones, entre ellas ACNUR, no puede hablarse del flujo de inmigrantes hacia Europa en términos de “crisis”, ya que esta “crisis”, más que migratoria, es política. La narrativa tóxica de los partidos de extrema derecha (y no tan extrema) han impregnado a la sociedad de un sentimiento de alerta injustificado.

Según la Agencia Europea de la ONU, en la primera mitad de 2018 sólo llegaron 46.449 personas a las costas europeas. La realidad es que el flujo migratorio en el continente no es llamativo, y está en declive. La alarma social de Europa se ha generado a raíz de la manipulación y la desinformación, y eso ha creado en la sociedad la idea de que la inmigración está fuera de control, cuando no hay nada más lejos de la realidad.

La duda es el arma más poderosa del ciudadano contra las mentiras y la manipulación.

La única solución es abrir los ojos y empezar a ver soluciones donde hasta ahora sólo nos han dicho que hay amenazas.  Frente al miedo y al odio, los datos y la verdad.

Santos García Colmena
About author

Estudiante de Sociología, interesado en geopolítica y asuntos humanitarios internacionales.
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