Entrevistas

Octavio Salazar: “Es necesario “despatriarcalizar” la vida política”

Octavio Salazar es, sin duda, uno de los hombres feministas más importantes e influyentes del momento en nuestro país. Catedrático de Derecho Constitucional, Miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, activista comprometido, y autor de obras tan relevantes como El hombre que no deberíamos ser, La gestación para otros, o su último libro,  #WeToo. Brújula para jóvenes feministas, en los que además de entregarnos su pensamiento, ha arrojado luz sobre diversos temas que tienen que ver con el feminismo.

Hoy tenemos el honor de presentaros una entrevista que nos concedió en plena semana del 8M.

¿Qué es el hombre feminista?

Un hombre que sea feminista, o al menos que esté en proceso de ser feminista ya que ser feminista es una tarea compleja y que a lo mejor puedes tardar años en alcanzarlo, o incluso toda una vida y puede pasar que no llegues ni siquiera a serlo definitivamente.

Yo pienso que lo importante es darte cuenta, de que como hombre tienes una posición privilegiada en la sociedad, y que por ello las mujeres sufren discriminaciones. Es una situación que difícilmente acabará, si los hombres no movemos ficha.

Si no revisamos como construimos nuestra masculinidad y qué papel jugamos en la sociedad y sobre todo en nuestra relación con las mujeres.  Por lo tanto, yo entiendo que un hombre que inicia ese proceso de convertirse en feminista, es un hombre que toma conciencia de género y que tiene una responsabilidad en que la igualdad entre hombres y mujeres sea algo efectivo.

A partir de ahí se convierte en un cómplice, pero claro, dejando en evidencia que ellas son las protagonistas del movimiento feminista, y que no deberíamos asumir ahí un protagonismo que no nos corresponde.

¿Definiría el feminismo como, un movimiento social, una ideología o una forma de vida?

Bueno yo creo que son muchas cosas, evidentemente es un movimiento social y político que lleva luchando siglos por la igualdad real. También es una teoría política, ya que ha generado una gran construcción teórica y crítica con el orden establecido y proponiendo una alternativa a ese orden. Y al mismo tiempo, estoy de acuerdo, creo que es una forma de vida, es decir, implica unos valores, una nueva ética. Al fin y al cabo una vez que te incorporas a este proceso, se produce un cambio en tu propia vida, que no tiene más vuelta atrás.

¿A qué se refiere con la necesidad de “feminizar la vida política” y por qué esto no está directamente ligado con el aumento de mujeres en ella?

Yo creo que más que feminizar la vida política, que pueda ser un término que lleve a equívoco, yo creo que más que eso habría que, aunque suene un poco raro, “despatriarcalizar” la vida política, es decir, yo creo que durante siglos la política ha estado copada por hombres, y por una forma de hacerla, acorde con nuestros intereses, y de acuerdo nuestra manera de ver el mundo. Pienso que por supuesto, las mujeres tendrían que ocupar esos espacios, pero además, introducir otras realidades, otras formas de ver las cosas, que establecieran otras prioridades. Así con la experiencia de vida de las mujeres, puede proporcionar a lo público toda una serie de prioridades que tienen que ver con los aspectos más personales, con esos espacios donde normalmente han estado las mujeres, y en los que los hombres no nos hemos molestado.

Cuestiones que tienen que ver con la sostenibilidad, la justicia social, con como desarrollamos nuestra vida familiar, al fin y al cabo lo que debería ser el centro de la política y que han permanecido como secundarios. En definitiva otras formas de gestionar lo público que no tuviese que ver tanto con la competitividad y con ese lenguaje que siempre hemos usado los hombres, muy agresivo del “conmigo o contra mí”. De las mujeres podemos aprender muchas cosas, pero no porque las mujeres y los hombres seamos distintos, sino porque culturalmente nos hemos ido construyendo de manera distinta.

Ha hablado de competitividad que es uno de los pilares fundamentales del capitalismo, ¿Cuál es la relación que considera, existe entre patriarcado y capitalismo?

Bueno, pues yo creo que al final son dos estructuras de poder que se alimentan la una a la otra. Eso se ve ahora mismo con esa visión extrema que es el neoliberalismo, hay determinados principios de esa lógica economicista con las que el patriarcado se siente muy a gusto. Determinadas cuestiones como el mercantilismo, en la que el ser humano se convierte en una mera mercancía, todas esas lógicas actúan en detrimento de las mujeres y sus derechos. El propio sujeto del capitalismo se identifica con el sujeto masculino, proveedor, ambicioso, competitivo, cuyo éxito se mide por su dinero o su éxito personal, y no le importa dejar atrás a quien sea. Pues yo veo una conexión evidente entre ese sistema de mercado y el patriarcado.

“Difícilmente uno puede considerarse demócrata y no feminista”, afirmaba usted en el diario El País. En un mundo que está dominado, por aquellos que determinan los términos de la discusión ¿Qué espacio nos queda a las feministas para la lucha?

Yo creo que cualquier espacio en el que tengamos la oportunidad de intervenir, o tengamos un determinado papel, podemos usarlo para transformar. Yo como docente universitario tengo la obligación de aprovechar ese espacio para dar a mi alumnado la visión igualitaria o de democracia que yo tengo.

Los medios de comunicación tienen la oportunidad, y yo diría casi la obligación de servir de altavoz para todo esto. Además una de las cosas que he aprendido del feminismo es que desde lo personal se pueden transformar muchas cosas, entonces desde cualquier especio de tu vida, pienso que se puede cambiar, en tu familia, en tu entorno de trabajo, con tu pareja o grupo de Whatsapp, ya que a veces se dan situaciones en la que nos convertimos en cómplices callando o riendo con comentarios machistas, entonces pienso que corrigiendo ese tipo de situaciones, se puede aprovechar para ser, en cierto modo, militantes.

¿Cree usted en el feminismo como un sujeto o como un agente revolucionario?

Yo creo que ahora mismo la ideología más revolucionaria es el feminismo, en un momento en el que todas las ideologías tradicionales están en crisis, ya no está muy claro que significa izquierda o derecha, y los partidos tradicionales han perdido el sentido de décadas atrás. Yo creo que hoy la apuesta más revolucionaria, porque supone una crítica radical, es el feminismo y todas las miradas que se hacen a partir de ahí, por ejemplo, si te fijas en el ecofeminismo, que plantea una visión crítica de cómo nos estamos relacionando con los recursos naturales, supone una visión totalmente revolucionaria porque critica el sistema de producción. Da pautas de cómo debemos incorporar la ética del cuidado en nuestro mundo tanto en el personal como en la sociedad.

Hay una propuesta revolucionaria, y que hay que darle la vuelta a la estructura de poder dominada por lo masculino y por los valores masculinos. Por lo que, no se trata de poner parches que corrijan el momento, sino que se trata de superar esa estructura que supere la actual organización. El feminismo tiene que ser radical,  es decir, ir a la raíz del sistema.

Todas estas injusticias derivan del sistema que se basan en una división sexual del trabajo, en un determinado entendimiento de las instituciones, o en como entendemos la cultura, pero no nos podemos quedar en correcciones puntuales, en hacer leyes de igualdad, sino que hay que ir a lo profundo del problema para acabar con el patriarcado.

¿Qué importancia tienen en todo esto una buena educación sexual y sentimental de las/os jóvenes?

Yo creo que muchísima, de hecho en mi último libro, #WeToo. Brújula para jóvenes feministas, trato ese tema, porque justamente en esa dimensión más personal es donde, yo creo, que los más jóvenes están teniendo comportamientos más machistas. Incluso en un contexto en el que han podido llegar a entender la igualdad, o la aceptación del feminismo, cuando ves sus relaciones interpersonales, amorosas o sexuales reproducen esquemas que yo creía superados, o que podemos identificar con otras generaciones.

Siguen aferrados a un modelo “amor romántico” a una sexualidad basada en el dominio masculino y la mujer como sujeto pasivo y sometido. Yo creo que ahí habría que hacer una revolución que tiene que ver con esos aspectos más personales y esto pasa, sin duda, por una educación afectiva.

Y por esta pésima o inexistente educación sexual, ocurren hechos como los de “La Manada”. ¿Qué cree usted que tiene que cambiar dentro del ámbito jurídico?

A parte de hacer algunas reformas legales, y que se defina de manera más precisa cuando hablamos de violación, para que así no haya ningún juez, como pasó en el caso de la manada que interprete cuando se trata de violación o no. Pero aparte de eso, es muy importante en el ámbito del derecho y en concreto en el de la judicatura, cambiar toda una cultura que es muy machista.

Yo estoy enseñando en una facultad de Derecho, y tengo comprobado que es uno de los ámbitos más conservadores y machistas, así te lo digo. Y no hay que olvidar que el derecho es una herramienta de poder, pues determina nuestros comportamientos, tiene una función pedagógica porque las normas van marcando que se considera lo positivo y negativo, es una tarea pendiente de la justicia. Ahí seguimos utilizando parámetros que tienen que ver con una sociedad muy patriarcal.

Además ellos cuentan el relato, ya que si el juez determina que eso no es violación se pone en tela de juicio la palabra de las mujeres…

Claro, además como te decía la justicia se sustenta sobre uno de los pilares fundamentales que es el poner en duda el testimonio de la mujer que siempre ha valido menos, incluso hasta hace años el testimonio de la mujer en un juicio valía menos que le de un hombre, pues aun habiendo superado esa norma, se pone en tela de juicio la palabra de las mujeres, o que las mujeres provocan determinados comportamientos, la culpabilización de ellas: “tú por qué vestías así” o “qué hacías tú a esa hora en la calle” cuando la responsabilidad en ese caso no es de ellas sino del hombre o de los hombres que deciden agredirla o pasarse con ellas. Pues las mujeres tienen que demostrar el doble o el triple que han sufrido una agresión, eso provoca que muchas mujeres no se animen ni a denunciar, porque piensan que van a tener que pasar un calvario para poder demostrar lo que ha vivido.

El dueño del diccionario domina el juego: Teniendo esto en cuenta y que los Nazis, eran unas gentes que gaseaban a otros por ser distintos, ¿Debemos aceptar el término “feminazi” como hizo hace unos días Iñaki Gabilondo? ¿No sería esa en el fondo una forma de ceder terreno en la lucha dialéctica?

Puede entenderse así, pero también puede ser un contraargumento, en el sentido de darle valor a lo que ese tipo de insultos quieren quitárselo. Cuando se lanzan insultos como feminazi, lo que se trata es de devaluar el feminismo, una reacción machista y misógina. Entonces yo actitudes  como la de la columna de Gabilondo, pues podemos entenderlo como una forma de apoderarnos del término y en cierto modo, reivindicar incluso con más potencia en este caso al tratarse de un hombre y además muy respetado en el mundo de la comunicación, para decir: Si ser feminista implica todo esto, y esto es a lo que vosotros llamáis ser feminazi, pues yo entonces lo soy. Yo estoy al lado de las mujeres a las que estáis insultando.

Yo entiendo así la columna, pero es un término que me produce repulsión, y forma parte de ola reaccionaria en la que algunos se sienten amenazados por el feminismo. Yo creo que ante eso muy especialmente por parte de los hombres, tendríamos no sólo que decir que no nos sentimos amenazados por el feminismo, sino que nosotros queremos también formar parte activa en ese movimiento.

Ya para terminar, y emulando a algún que otro programa al que consideramos amigo, queríamos que para nuestra sección cultural nos recomendases, una película, una serie y un libro que nos ayudase a entender un poco más acerca del feminismo.

Para entender bien, qué es el feminismo, te recomendaría un libro que se ha convertido ya casi en un clásico en nuestro país que es, Feminismo para principiantes de Nuria Valera, es un libro que incluso yo he empleado en clase para mi alumnado, en el que viene explicado tan bien y de manera tan sencilla, en un volumen casi de bolsillo, animaría a cualquier persona que no sepa nada de feminismo puede acercarse a él porque resume, no sólo en qué consiste, sino que también hace un recorrido por la historia del mismo.

En cuanto a serie, y volviendo a lo que planteábamos antes sobre la educación de los jóvenes, he visto hace poco Sex education, en la que se plantean esos temas de los que hablamos antes, las relaciones amorosas, la diversidad afectivo sexual, la sexualidad en algún capítulo aparece el aborto, el empoderamiento de las chicas. Me parece muy importante porque trata de manera muy rigurosa las cuestiones, no trata a los adolescentes como una especie de desnortados, que no piensan más que estar todo el día follando. Me parece ideal incluso para verla con los padres, para verla en los institutos y debatir. Trata cuestiones que a mí me preocupan especialmente en la juventud.

Una película… te diría una que se hizo para televisión, que es, La mujer olvidada, en la que se cuenta toda la lucha de Clara Campoamor para conseguir el voto femenino en la II República. Es muy importante conocer esa parte de la historia, y desde un punto de vista democrático entender la importancia histórica que supone nada más y nada menos que el voto de la mujer. Es una película en la que se entiende muy bien esa lucha de Clara Campoamor en el parlamento español, y ayuda a entender todo lo que ha habido antes y la lucha de todas esas mujeres. Además nos sirve también para tenerlas como referentes, porque otro de los problemas que tenemos es que en el pensamiento, en lo que estudiamos, nos faltan esos referentes de mujeres políticas, filósofas, científicas. Y el cine puede ser una herramienta útil para darles esa importancia que tuvieron.

 

 

 

José Manuel Gómez Jurado
About author

Historiador y Activista político. Redactor de la revista en la sección de política.
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