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Nos cambiaron las preguntas, ¿qué tal si cambiamos las respuestas?

Resulta evidente el hecho de que, como ya expresaba el bueno de Benedetti, nos cambiaron las preguntas cuando apenas habíamos encontrado las respuestas. Durante gran parte del siglo XX, el movimiento obrero y las distintas ideologías que lo secundaban, fueron capaces de aportar algunas de las respuestas necesarias a las disyuntivas planteadas por el capitalismo, en forma de socialdemocracia, o a través de la Unión Soviética, más esta última como contrafuerte ante las políticas liberales, que como ejemplo para el mundo occidental.

Se encontró la forma de plantar cara al poder, de generar discurso que plantease una discusión real y que además se situaba en sintonía con gran parte del pueblo. El espacio antaño llamado izquierda, había sido capaz de denunciar a un Rey, que de pronto se vio desnudo ante la mirada de sus súbditos. Estoy de acuerdo con aquellos que plantean que llevar la iniciativa de la discusión aporta ventaja en la lucha dialéctica, por ejemplo: plantear que existe una lucha de clases, y hacer que tu adversario la niegue, y tenga que aportar argumentos falsos para desmentir un hecho probado, genera una cierta superioridad. Pero claro, cuando tu rival es tan poderoso, no hay lugar a un respiro.

Gran parte de eso que llamamos izquierda, se habría quedado allí, pero los marcos teóricos de la Historia, no dejan de avanzar, y entonces aparece el neoliberalismo, y cae la URSS, y mientras Fukuyama nos hablaba del Fin de la Historia, resulta que las élites de poder, la derecha o como queramos llamarlos, habían aprendido la lección. Quizás leyeron mucho más a la izquierda, de lo que ésta jamás ha leído a la derecha, entendieron cuales eran las claves de la discusión.

Los medios

Se adueñaron de Hollywood, las revistas, los medios de comunicación, y en general todos aquellos generadores de opinión, asumiendo que las democracias liberales serían las formas de gobierno de los estados occidentales, y que por tanto sería necesaria la manipulación de la gente para mantener el statu quo. Tomando el ejemplo que citaba anteriormente: cuando Warren Buffet, nos miró a la cara y sin movérsele ni un músculo, nos dijo; “Claro que existe lucha de clases pero la mía es la que va ganando”, creo que pocos entendieron que habíamos perdido.

Nos dimos de bruces con el posmodernismo, con el inmovilismo de parte de una izquierda que se había quedado en la victoria de mediados del siglo XX. Hicieron envejecer, no nuestras ideas, sino las formas, no el pensamiento, sino sus símbolos. Ya que de eso se trataba y se trata este nuevo tiempo, nos colocaron en un marco al que quizás le hemos encontrado las medidas y el material del que se compone, pero no forma de romperlo o transformarlo.

Y es este marco, el que hace que en una tertulia política, lo realmente relevante sea cuánto son capaces de aumentar las pulsaciones del espectador, y no extraer algo en claro del tema sobre el que se discute. Acabamos cayendo en debates que no conducen a ningún lugar o que nos anclan en discusiones ya superadas como la existencia o no de la violencia machista.

Entonces cambiemos las respuestas

Porque nos cambiaron las preguntas, debemos cambiar las respuestas, y esto pienso no consiste en desechar todo aquello que pensaron nuestros antecesores, sino en repensarlos. Aprovechar todo aquello que aprendimos de aquellas experiencias, pero adaptándolo a nuestro tiempo. Considero que estamos encontrando algunas de las claves, y que por ello la derecha está empleándose a fondo en arrebatarnos todo lo avanzado, el feminismo, el ecologismo, la lucha LGTBI, y la búsqueda de la cohesión de todas ellas, el hilo que las una.

Anteponer los temas de discusión, y no mantener una actitud defensiva ante los ataques del poder, ya que de esta forma siempre serán ellos quienes controlen la jugada. Pero para ello hacen falta ideas, preguntas, respuestas y esa será nuestra lucha.

José Manuel Gómez Jurado
About author

Historiador y Activista político. Redactor de la revista en la sección de política.
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