CulturaMúsica

La sobreexposición mediática de los artistas de la actualidad

Están en todas partes.

Esta frase, que bien podría haberse extraído del diálogo de una película de terror, representa con bastante precisión el leit motiv de este artículo. No se trata de extraterrestres, seres de ultratumba ni criaturas sacadas de la peor pesadilla: hablamos de las celebridades de la actualidad. Artistas, actores o humoristas son solo algunos ejemplos de profesionales que siempre han pasado sus vidas bajo los focos. Sin embargo, su presencia ha adquirido una nueva dimensión en los últimos años. Hoy en día, estas personas también son protagonistas en las redes sociales, el medio en que el mundo se mueve, donde exponen su vida y su trabajo ante miles o millones de personas que cada día escuchan y miran entregados el contenido que crean.

Personas de carne hueso, idealizadas y veneradas por legiones de fans, cuya música, películas, costumbres, relaciones, pensamientos y casi cualquier otra parte de ellos está a completa disposición de todos sus seguidores. Y también de quienes no les siguen. El marketing, la ciencia publicitaria que ha dado forma a las sociedades modernas, es un medio que, como siempre, se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos. Las redes sociales y plataformas de entretenimiento audiovisual más frecuentadas están plagadas de publicidad sobre las personalidades del momento, quienes, junto con las empresas que trabajan tras ellas, consiguen estar constantemente en nuestras pantallas.

Después de esta pequeña definición, seguro que tienes a alguien en mente. O incluso a unas pocas personas. Y no es de extrañar, ya que probablemente haya algún artista al que has visto hasta en la sopa en los últimos meses. Si estabas pensando en Rosalía, he acertado. La artista barcelonesa comenzó su carrera muy joven, y apostó pronto por dedicarse a su obsesión y también el objeto de su formación académica: el flamenco. No obstante, fue en mayo de 2018 cuando lanzó su mayor éxito hasta la fecha: el single Malamente.

En Malamente, Rosalía fusionó elementos del flamenco con los propios de la música urbana más actual mientras coqueteaba con tópicos como las tradiciones, la moda urbana, los clichés o el machismo. Esta dinámica también marca el resto del contenido audiovisual que acompaña a su último trabajo: El Mal Querer. El lanzamiento del anterior single y, posteriormente, de su trabajo completo, catapultó a la barcelonesa directamente al estrellato. De nuevo, una desmedida labor publicitaria tomaba las riendas. Su nombre, respaldado por una gigante discográfica (Sony Music), comenzaba a inundar prensa, redes y televisión, se colaba en nominaciones de premios e incluso en repartos de películas: se había convertido en un fenómeno, la nueva diva del pop.

Otros casos iguales, de forma diferente

Kanye West

De forma paralela a Rosalía, también hemos vivido el surgimiento de otro artista español: C. Tangana. Este artista madrileño, curiosamente, comenzó a adquirir protagonismo en el panorama nacional tras un dueto en 2016 con la propia Rosalía, Antes de morirme, que iniciaría su evolución al “artista pop” que es en la actualidad. En 2017, lanzó su trabajo Ídolo, también de la mano de una gran discográfica (Sony Music). En él, sacó las entrañas de un artista que poco a poco iba entregándose a los idilios y desventuras de la fama. Sexo, droga y libertad expresiva, un mensaje que era carne de mercado.

“Y me sabe tan bueno
Ver doblegarse al poder, me sabe tan bueno.
Hablo de cifras, empujo y la agarro del cuello.
Pornografía y dinero;
Sé lo que quieren, sé lo que vendo”
C. Tangana – Espabilao’

Su camino no ha variado desde entonces, pero sí que ha dejado algunos momentos destacables, como sus polémicas declaraciones “insultando al rey” hace unos meses (lo que resultó ser una estrategia de marketing para promocionar su single: El Rey Soy Yo / I Feel Like Kanye) o su esperpéntica actuación en una de las galas de Operación Triunfo 2018, con desplante incluido al presentador del programa, que le sirvió para promocionar su siguiente lanzamiento (el bolero Un veneno). Ambas “hazañas” son un ejemplo de las arriesgadas apuestas que caracterizan a este artista; una jugada que, de momento, le ha salido redonda.

Aunque sus perspectivas y objetivos son aparentemente muy distintos, Rosalía y C. Tangana son dos caras para una misma moneda: la de la sobreexposición mediática. Estos artistas son solo dos de los muchos personajes que dominan cada día el espacio digital y que, en consecuencia, marcan las tendencias vigentes. No obstante, el problema que esto encierra no tiene que ver con su influencia en la moda, el humor o los medios (aunque pueda resultar cargante), sino con su capacidad para moldear los valores y principios de muchas personas.
En la época en que vivimos, donde la libertad de expresión es una bandera cada vez más discutida, paradójicamente, todo el mundo se siente con los medios y la razón suficiente para dar su opinión y defenderla con fiereza. Esto provoca que, en muchas ocasiones, se hagan virales comportamientos e ideas que pueden ser muy cuestionables.

Hasta donde debemos llegar

Llega entonces nuestro momento de decidir hasta dónde se puede o se debe llegar. Pero antes debemos luchar contra la llamada infoxicación. Este concepto, acuñado por Alfons Cornella (2003), especialista en información, alude a la intoxicación por información. En resumen, nos dice que recibimos tantas informaciones cada día que somos incapaces de identificar qué es lo verdaderamente importante, lo que nos dificulta a la hora de tomar decisiones o incluso de permanecer informados sobre un tema. Como el propio Alfons indica, se trata de mantener un working interruptus (saber de todo sin profundizar en nada).

Y, en este panorama, no es extraño que nos asalten las preguntas:
¿Dónde están los límites? ¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Normalizar la exposición del sexo, las drogas y el despilfarro de dinero es un progreso o, por el contrario, un paso atrás? Si todo el mundo tiene razón, pero también puede tener una versión distinta, ¿quién está en lo cierto? Si algo está claro es que ninguna de estas preguntas tiene una respuesta sencilla, pero quizás buscarla debería ser nuestra obligación moral más importante. Probablemente deberíamos asumir la información de la misma forma que se debe disfrutar la música clásica, con la calma más absoluta. Si lo hiciéramos, quizá las cosas nos irían un poco mejor y no tan malamente.

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